El benteveo.
Benteveo, benteveo
como delirante grita
mientras las alas agita
con un gozoso aleteo
Vincha blanca y fina gola
color de azufre el chaleco
y un chaquetón verde seco
que se aviva hacia la cola.
La Calandria.
Un manto gris que sobre el ala estría
y el pecho claro en descubierto deja;
sobre el ojo una línea, blanca ceja,
y en su canción es donde empieza el día
.Un trino y otro, y otro todavía.
Cada trino en Oriente se refleja
en una tenue claridad bermeja…
Un trino y otro y otro más: el Día.
Agua, brisa, color, música, verso:
la voz de Dios que alumbra el Universo
en un “Fiat-Lux” de límpida armonía.
En el verso la música se exalta;
la brisa aroma y el color esmalta,
y el agua es gracia que bautiza el día.
LA PERDIZ
Cuando el sol con brillo
da al campo el primer matiz,
se aparece la perdiz
muy oronda por el trillo.
Lleva su traje amarillo
de recortada capita,
y es tan gentil, tan damita,
que, por hilar una charla,
dan ganas de saludarla:
“Buenos Días, señorita…”
Mas apenas que nos vio,
sin moverse , ahí mismo,
por virtud del mimetismo
entre el pasto se esfumó.

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