El zorzal.
Con su pechera rosada
y su levita marrón;
con ese cuerpo robusto
y ese aire de gran señor,
nadie lo imaginaría
tan delicado cantor.
Muere el sol y, junto al río,
da sus silbos el zorzal:
la tarde que se marchaba
el agua que iba corriendo
se detuvo hecha un cristal;
el aire quedó en suspenso;
la brisa, sin respirar;
abrió una boca tamaña
la luna sobre el sauzal,
y con lágrimas de estrellas
el cielo rompió a llorar…
Anochece… junto al río,
sigue cantando el zorzal.
Un pájaro está atrapado
tras unas rejas metido
no sabe cómo salir
y pía despavorido.
No sabe por donde entró
y aunque allí puede volar
de un lado a otro asustado
va buscando libertad.
En el jardín hay un niño
que ha escuchado sus lamentos
y abre la reja traidora
para que salga al momento
El pájaro en libertad
vuela a la cara del niño
y con el pico y sus alas
le ha besado agradecido.
Fin
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